¿Y yo? Acá, sigo esperando, como estúpida. ¿Tiene sentido que siga con esto? No lo sé. Pero sigo acá, esperandote, esperando ese mensaje de mierda, esperando una señal de vida de tu parte, esperando a ver si algo de todo lo que pensé había hecho por vos haga efecto, tenga valor, mueva algo en tu corazón, si es que tenés corazón y no una piedra que te late dentro del pecho. ¿En serio pensás que así vas a solucionar algo? ¿Pensás que lo que sentís, ese vacío adentro tuyo se soluciona corriendo, escapándote de las cosas? Te tengo una notica: No es así. Y me causa gracia, pena lo que te pasa. Sí, claro que yo también me tengo lástima, mucha lástima, pero por lo menos tengo (o creo que la tengo) la convicción de ir y terminar con esto. – Escribió en un cuaderno de tapa roja donde normalmente hacía resúmenes para el colegio, estaba sentada en la mesa de su dormitorio, con una pierna cruzada debajo de la cola para hacerse un poco más alta y así escribir más cómoda-
¿A si? ¿Pensás que podés terminar con toda esta patraña? No te equivoques nena. No tenés ese poder, no lo tenés porque sos tan débil… tan endeble, hasta ese depresivo de mala calidad te puede, y lo sabes, lo sabes y te duele, y te quita el sueño, y te saca el hambre y te regala ojeras y mal estar. ¿Con quién te estás desquitando? ¿Con él? Él es otro pobre imbécil como vos. El problema, y lo sabes desde el principio, sos vos! Vos y tus ganas de jugar a doble vida, vos y esa fantasía estúpida. Date cuenta que no tenés el poder de cambiar a nadie, porque nadie cambia por otra persona, cambia por amor, y vos te engañaste pensado que lo ambas. ¿Qué doloroso que fue cuando te diste cuenta de que no era así no? Cuándo te diste cuenta de que casi no le importaba todo lo que pasaste por él, todo lo que dejaste por él… “Me haces sentir hermosa”, “Me haces olvidar de las cosas que me pasan afuera de estas paredes”, “Tu ojos son como rubíes…” “Me quiero fundir con vos para siempre” “No quiero alejarme nunca de vos” No te puedo explicar lo graciosa, lo patética que te veías perdida mirándolo, llenándote de él… de acá todo se ve tan clarito. –Dijo él/ella mirándola desde el vidrio que estaba frente a ella. Disfrutaba cada palabra, y aun más disfrutaba ver la metamorfosis que sufría su expresión al decirlo-
¿Cómo podés saber que es patético sin sentirte tocado/a? ¿Qué sabes vos lo que es querer, lo que es sentir, lo que es hacer algo por alguien más independientemente de lo que pase después? No tenés idea de lo que pasa en realidad, porque no sos nada. ¡No sos nadie! Si tengo el poder de terminar, porque yo lo empecé, yo le di vida, yo lo inicié y le di de comer, yo lo alimenté desde el principio. Yo sé cómo es él, se como pararlo y ponerle un punto. Yo me banqué sus altibajos y sus planteos de niño. ¿Quién más si no yo para hacerlo pasar lo que estoy pasando? Nadie. Nadie para hacerlo sentir mejor, ni para darle amor. –Lo/la interrogó ella con los ojos vidriosos, intentaba sentir convicción en su interior, pero se hacía cada vez más complicado debido a la cara de egocéntrico/a y altanero que le ponía él/ella del otro lado del vidrio. Su relación iba en declive desde hacia ya varios meses. No era lo mismo que cuando ella lo/la llamó por primera vez cuando era una nena. EN ese entonces él/ella era mucho más comprensivo y amable-
Si, tenés toda la razón, vos le diste vida a esta bazofia, vos empezaste este suplicio, y le diste vida a lo que ahora te está matando de a poquito. No sos así de fuerte ¿Sabes? Tenés esa maldita necesidad humana de buscar afecto ¿Y qué encontras? Desilusión. Porque decime: que obtuviste por bancarte los berrinches del niño? Nada. Todo la dulzura de mentira que te comiste, las ilusiones y la fe, dónde quedaron? En la nada, no podés hacerle sentir lo que estás sintiendo por que no le importas, no lo podes hacer sentir mejor porque no está mal y no le podes dar amor porque no te lo pidió… - Sentenció apoyando las manos sobre la mesa, su gesto era cada vez más desquiciado, pero sin embargo no daba miedo. Lo que daba miedo era el hecho de que disfrutase tanto con su dolor-
Me tenés harta, no te soporto más, quiero que te vayas y que no vuelvas más. Ni siquiera estaba hablando con vos desde un primer momento. No haces más que lastimarme. ¿Qué pretendes de mí? –Ella hacía un esfuerzo desesperado por contener las lágrimas, pero era más fuertes, y la superaban en número, la última pregunta que le hizo parecía más bien una plegaria, un ruego de piedad que parte de una discusión como lo era-
No me hagas responsable de tus debilidades, yo no tengo nada que ver, soy el/la único/a que te hace ver las cosas como son, ninguna de tus amistades pueden, porque son igual de siegas que vos! No sirven para nada. No pretendo nada de vos, sé que no me podés dar nada. Nada más lastima. –Sus palabras albergaban asco, emitía cada sonido con desdén-
Entonces andate, dejame sola de una vez por todas, ¡no te quiero más cerca de mí! Andate… Ya no te necesito más! Nunca te necesite. –Era doloroso verla con la cara empapada en sal, todo su cuerpo pedía ayuda agritos, y el/la único que en un momento de su vida había podido ayudarla, ahora era quien la condenaba-
¿Que te deje? No… yo no te voy a dejar nunca, porque quieras o no soy parte de vos, de mi no te separas, además, ¿Qué harías vos sin mi? ¡Nada! Porque no sos nada sin mí, no podrías hacer nada sin mí, y te consta, te pesa, pero no me podés dejar. Soy más fuerte que ese inútil, lo que sentís por mi es mucho más profundo que lo que te pasa con él. –Él/ella, en cambio reía, reía al decirle aquellas dolorosas verdades, era evidente que se había transformado en un pasa tiempo hacerle miserables los días-
Ni él ni yo somos problemas tuyos ya, no te necesito, te quiero fuera de mi vida, de mí, de mi cuerpo y de mi cabeza. ¡¡¡No te soporto más!!! – Le gritó llevándose las manos a la cabeza-
Yo no me voy a ningún lado. – Dijo riéndose de ella histéricamente-
Si no te querés ir, entonces te voy a echar. –Cuando pronunció esas últimas palabras la expresión en su cara se iluminó-
No vas a hacer eso, no me des risa tonta. –Refutó en un intento de guardar la compostura, pero no le salió, el miedo comenzaba a salr de sus poros. Ella no lo escuchó, caminó hasta la pieza de los padres, y metió la meno dentro del placar donde se encontraba la pistola 9mm que su papá tenía guardada, lo/la miró en el espejo sonriente, estaba feliz de poder hacerlo de una vez. Llevo el caño debajo de tu mandíbula, y lo hizo callar para siempre.
Le diste vida a lo que ahora te está matando de a poquito...
ResponderEliminarQué genia, y cuánta verdad!
¡Es duro! Percibo que es a los extremos que podemos llegar cuando nos dejamos llevar por los Roles. Y hay algo genial que plasmaste. Es que al Ego no lo echás. Lo integrás, es inherente al Ser. *aplaude a Ciuffolotti* y anota un 10 (?)
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