jueves, 2 de septiembre de 2010

Ocurrió una mañana hermosa. El sol brillaba cálido y una pocas nubes inocentes adornaban el cielo. A su lado estaba ella. Era hermosa, más hermosa que las estrellas en una noche de helado invierno, más hermosa que la calma, mas hermosa que los colores de la aurora...
Había sido una noche memorable. Comida exquisita, velas aromáticas, música de ocasión. Y más tarde, el reencuentro de dos cuerpos con sed de pasión. Se había desarrollado en ese cuarto la fusión de piel y espíritu más bella, más esperada y había sido hermoso.
Pero sobre todo postergado. Primero su viaje urgente al extranjero, catorce meses lejos de su amada habían sido duros. Más dura aún la enfermedad que ella contrajo a causa de la tristeza que le producían los veinte mil kilómetros de distancia con él. Un mes entero de llanto y una pulmonía severa que terminó internandola por dos semanas en el hospital.
Pero todo eso no importaba ya. Estaban juntos, y eran felices.
Él se levantó primero, la contemplo, la amó y se dirigió al baño. Ella despertó unos instantes después. Fue al baño, se lavaron los dientes y él se metió a bañar. Ella lo persiguió hasta la ducha, hicieron el amor dulcemente en la bañera y prosiguieron felices la mañana.
El desayuno se desarrollo normalmente, galletas de cartón y un té para ella, leche con chocolate y galletitas dulces para él.
Luego de desayunar, cada cual a su trabajo. Él a la oficina, y ella a la facultad. Se despiden con un beso tierno en la puerta del departamento y mientras caminan van pensando en la vida.

Que bueno que ya este en casa. No podría estar más tiempo sin él. Quiero pasar el resto de los días con ese hombre, darle hijos y una vejez hermosa, juntos los dos.


Mientras tanto él repasaba el plan:

No es tan complicado, la paso a buscar a la salida de la facultad.. vamos al café de la plaza. Le digo: "Estoy decidido a pasar mi vida con vos. Por favor: Casate conmigo" (para algo lo practique mil veces en el baño).
El anillo, cuando vea el anillo no me va a poder decir que no, por más que esté con otro, le gusten las mujeres o se quiera hacer monja de repente.

No había manera de que algo saliese mal. Pasaron todo ese día esperando las cinco de la tarde. Ella no prestó atención en ninguna clase. Él otorgó créditos a todo changarín desesperado que se cruzó por su oficina.
Ella llevó su bolso de cosméticos y a las cuatro y media se amotinó en el baño de damas, quería producirse para él, pues, había decidido pasarlo a buscar por la oficina e invitarlo a compartir su vida por tiempo indefinido.
Él quiso salir antes y esperarla en la esquina. Pasó por el almacén de flores y compró un hermoso ramo de orquídeas púrpuras.
Después de maquillarse (o intentarlo, no sabía hacerlo) salió del baño orgullosa del rosado pálido en sus párpados, y se dirigió feliz hacia la puerta principal. Salió y lo vio muy lindo, paradito en la esquina de la calle de enfrente, con un ramo gigante de flores.
La esperó en la esquina, paciente. Y cuando por fin salió, le pareció más hermosa de lo que estaba acostumbrado, sonrió ampliamente y la invitó con la mirada.
Ella salió corriendo. Pero cruzar la calle en diagonal es algo que nos enseñan desde pequeños. Y es quizás, una de las cosas más útiles que nos enseñan.
Posiblemente por la euforia, por la emoción, por la espera, por el amor, por las ganas... por que el destino así lo quiso, no se acordó de mirar al cruzar.
Entonces todo se desequilibró... No más historias. Ni anillos. Solo el amor, hasta que él pueda superarlo.


miércoles, 1 de septiembre de 2010

El lugar estaba en silencio, incómodamente iluminado, pero claro, se necesitaba luz. El único ser sobre la tierra que podía disfrutar estando ahí, ahí estaba. Era un lugar blanco, completamente blanco. Habia estates llenos de libros absolutamente limpios, todo relucia. Atornillados a las pardes de los costados, habia escritorios llenos de herramientas, pinceles y pinturas de extraños colores y texturas, pero todo se encontraba en orden. Las mesas de hierro pulido, perfectamente acomodadas a la misma distancia una de la otra, tenían sábanas blancas tapando lo que sostenían arriba. Se abre la puerta principal e ingresa Adso. Un sujeto alto, espigado, con el pelo negro como la noche y ojos azules cual lápiz lázuli.
Su larga capa negra parecía bailar al compás de sus pasos, y sus pasos parecían un baile, se movía con gracia y sofisticación.
-Buenas noches Gregorio -Saludó Adso con voz grave, al pequeño espécimen que se encontraba en la habitación.
-Señor Adso, lo estaba esperando -Prosiguió Gregorio, Gregorio era un ser algo extraño. Podía verse en sus rasgos, rastros de un hombre bello en su juventud, pero profanado por los años y los malos hábitos. Era de estatura media, algo encorvado y en su cara un gesto turbio y algo morboso.
Adso se acercó a la mesa y se quitó la capucha de la cabeza. A unos pasos de él se encontraba Gregorio vestido con un guardapolvo blanco.
-Vengo a corroborar lo que dice la gente, es verdad que está aquí?
-Efectivamente Adso, aquí lo tienes. Lo encontré cerca del matadero. Casi intacto por suerte, solo tuve que retocar algunas partes de su rostro, y alguna rotura en su pierna derecha. -Explicó Gregorio mientras observaba el cuerpo que yacía frío y quieto sobre la mesa. Se podía sentir su devoción en cada palabra. Disfrutaba al estar entre ellos, y más aún al restaurarlos.
-La verdad que no comprendo como te puede gustar este trabajo, Gregorio. -Adso miraba un poco incrédulo a Gregorio. -Es desagradable. Comprendería si lo hicieses por necesidad, pero tu familia es una de las más adineradas de la ciudad, no tienes por qué estar metido en este tugurio bien reformado.
-No solo es un tugurio bien reformado, mi querido Adso, es un santuario de paz. Ningún ser que entre a este cuarto juzga ni es juzgado. Nadie mira de menos a nadie, todos estamos bien.
Además, alguien tiene que hacer este trabajo, y quién mejor capacitado que yo? Yo disfruto su compañía. No ves acaso la belleza que guardan? El pálido de la piel, la rigidez, el bien estar en los ojos dormidos..

viernes, 27 de agosto de 2010

Intenta, practicamente cada instante, dejarlo ir. Sacarlo? simular su inexistencia. Pretender que su estadío nunca ocurrió. Desengañarse y comprender la indiferencia, hacerse fuerte sobre la marcha y crecer.
Se habla de de borrar huellas, suprimir palabras, desalojar recuerdos, reprimir gestos. Desasrmar costumbres, desarticular pensamientos. Desafinar vicios desenmarañar acuerdos. Evitar miradas, lugares y sentimientos.
Recontruye una personalidad, tira abajo una errada? Una obsoleta, una que ya no cuadra.
Se trata de encontrar un eqilibrio, entre la pena y la ira... La pena no permite ser. Se filtra en cada silencio, en cada espacio en blanco, en cada sentimiento. Crea, por si misma, puentes con cada pensamieno, y se ascia sin permiso con todo movimiento. Se hace presente en el estómago, en los ojos y en el pecho. Presiona oprime, sofoca.. Si pena no es, no está, solo pena.
La ira no le permite pensar, ni razonar, tampoco ver con claridad. Por lo que logra abstenerse de pensar. No se acuerda, si no recuerda no piensa, no mastica y no pena.
Pero, cuál es el centro? Dónde se encuentra el equilbrio verdadero?
No vale la pena pensar si no se llega a nada, no tiene que ser necesariamente bueno. No tiene sentido seguir dando vueltos en eso. Quiere un fin. Le pone un fin al duelo.
Lo que no significa que la Ira sea algo bueno, se alimenta maquinando feos sentimientos. Algo en algún momento fue bueno, hoy ni el recuerdo.







En ese lugar que mira, en esa frase que reprime,
En ese gesto que deshecha, en el sentimiento que elimina.
Está en cada espacio lleno de vacío, que quiere vaciar
por completo, para no sentirlo en lo más mínimo.







Ocultarse no detiene el tiempo, los papeles se juntan. Te revienta el cerebro!

domingo, 22 de agosto de 2010

Figuras retóricas

Se encontraban hechos un ovillo de carne sobre el suelo de la cocina, enredaban sus rodillas con sus brezos y temblaban como una hoja.
Uno miraba fijo hacia la mesa, la mesa estaba a unos dos pasos de él, sí, estaba en la mesa. En la mesa, esa mesa tan próxima a él, tan cerca. Si salta de la mesa lo va a atrapar. Que se quede en al mesa... Si me muevo más me va a ver. Que se quede ahí. Mejor que se quede en la mesa. Si. No... es la mesa en la que como. Es MI mesa, qué está haciendo ahí? Piensa que no lo veo? Yo lo veo. Está en la mesa. Sus ojos parecían querer salirseles de las cuencas, parecían querer salir y que rodar por la mesa.
A su lado, él estaba conteniendo espasmos. Su cerebro enviaba señales a sus músculos, los sentía; podía reconocer cada impulso eléctrico, pero se quedaban ahí, como un cable pelado despilfarrando electrones por acá y por allá. Se encontraba paralizadamente inquieto.
¿Dónde quiere irse? A cualquier lugar, menos al patio. ¿Qué hace él en el patio? Hay Sol, es amarillo, me tiñe todo. Ese color empalagoso... No, no puedo ir afuera. El sol lo quema, la piel se quema con el sol. Habría que cerrar esa ventana, o la cortina. Las gotas del gigante salpican el farol y se reflaja en la masada de granito. El reflejo es amarillo, como el Sol. Por qué? Por qué tiene que hay Sol? No me va a tocar. Voy a encontrar el lugar justo, en donde el no llega. No me va a tocar, no me va a manchar la ropa, es la más linda que tengo, es la única que no me puedo sacar. Y es mía, no es de él... Que el Sol se quede ahí, por qué quiere mandarme? Por qué quiere mi piel?
Uno no quita los rayos X de la mesa; el otro, mira hcaia todos lados, no deja las neuronas quietas.
La talba cuadrupeda que sostiene el alimento de tantos desaparecidos, esa tarde, comienza a caminar hasta meterse debajo de sus párpados. Perpadea y no: La mesa sigue ahí. Quieta, pero... eso sigue ahí. Sobre ella. Y lo va ver. Me va a ver, si me quedo acá me va a ver, me tengo que ir. Si, ahí no me va a atrapar, es muy grade ese espacio para verme solo a mi.
Mientras tanto, la pobre estatua atrapada en sus congelados movimientos, planea el plan de escape. El inmovil muchachito amaga... Si salto rápido no me va a tocar, está tan cerca...casi que me toca, me apuro y me salvo.
No me va a perseguir hasta ahí, reflexiona.
En un fugaz momento de lucidez mental, sus cabezas cambian cruzada y radicalmente de dirección. Toda la quietud, la frenética estática que enfrascaba su cuerpo, se convierte en energía a la velocidad de la luz.
Las conecciones mal terminadas entre sus músculos y su cerebro se reparan. Logra embarcar cada electrón en una misma empresa: Se agazapa un poco, y con un impulso casi irreal se eleva en el aire para aterrizar sobre...
El primero, destroza la puerta y termina estampado contra la enredadera, empapado en luz, envuelto en tranquilidad. El segundo hace volar cada silla con su salto, y aterriza sobre la mesa, desbordando éxitos.

sábado, 7 de agosto de 2010

Muy poco felices se cruzan en la casa de vez en cuando.
La ignorancia, la prepotencia, la inmadurez. El ego, el afecto, la presuntuosidad, el paso más adelante de, la verdad, la distancia, la sensatez y la madures. La tristeza, el asombro, la ira, la vergüenza, la indiferencia camuflada y el mentiroso desinterés.
Todas estas emociones juntas caminando en dos personas pequeñas y confundidas. El afecto queda abatido por la indiferencia. La prepotencia y la ignorancia se juntan y escupen a la verdad, la tristeza y el asombro conviven en ambos lados de la linea y se miran uno al otro. La madurez queda escondida, pues la inmadurez toma el rol de hermana mayor. Y lamentablemente la Ira toma el control.
Dos personas pequeñas que se aman pelean, discuten se insultan. Una no logra hacer la paz, la otra destruye cada intento. La primera comienza a enfurecer, la segunda alardea de su estupidez.
La menos pequeña (que quizás es la más pequeña), busca, anhela, pide el momento justo. Para qué?
Para convertir a cara de la persona más pequeña en una pintura al oleo... Para hacer de su cabeza una calesita de feria...
Cuando pasará el conflicto? Cuando el maldito ego se marche, y quede el cariño.
Te preguntas cómo sé?
Ésa la cuestión. No lo sé.
Pero, quién puede saberlo?
Hasta dónde llega la satisfacción de estar bien? Dónde deja de estar bien? Cuál es el punto justo en el cual se miran cara a cara la gula emocional y la razón? Cómo discriminar entre la verdad y la necesita ficción?

No se sigue adelante sobre el pesar de los demás.. Hasta dónde se sigue con el pesar de uno?
No saltas de un edificio si no te querés estrellar contra el suelo. Te tiras de un edifico si querés sentir la adrenalina del vacío en tus huesos.

No te sostenes del hombro de un sentimiento ficticio. Cómo saber si es ficticio? No sabés. Vas tanteando en el aire hasta que algo te encuentra, hasta que algo encontrás. Lo tomás? Lo dejás? Lo necesitás? Cómo sabés?

No sabés, tenés la mera imprsión, te sentís víctima, sos victima de vos.

Llegas a un punto. Un punto agudo doloroso en el que no encontrás equilibrio. Estás tan adentro que no podés salir, estás tan adentro que te ahogas. Estás tan adentro que te empieza a gustar...

lunes, 2 de agosto de 2010

Mejor soñar..
Mejor soñar que en algún momento la tristeza va a pasar.
Mejor soñar que la melancolía desaparecerá, que las últimas lágrimas caerán, y dejaran a su paso tranquilidad emocional.
Mejor soñar que se puede estar bien.

Mejor soñar con el elexir de la vida, con las cosas pequeñas que traen felicidad. Con la sonrisa del ser amado, con la paz.

Es todo cuestión de crecer. Entender, aprender. Madurar. LLegar más lejos, desplegar las alas..
LLegar a otros puertos.