Había sido una noche memorable. Comida exquisita, velas aromáticas, música de ocasión. Y más tarde, el reencuentro de dos cuerpos con sed de pasión. Se había desarrollado en ese cuarto la fusión de piel y espíritu más bella, más esperada y había sido hermoso.
Pero sobre todo postergado. Primero su viaje urgente al extranjero, catorce meses lejos de su amada habían sido duros. Más dura aún la enfermedad que ella contrajo a causa de la tristeza que le producían los veinte mil kilómetros de distancia con él. Un mes entero de llanto y una pulmonía severa que terminó internandola por dos semanas en el hospital.
Pero todo eso no importaba ya. Estaban juntos, y eran felices.
Él se levantó primero, la contemplo, la amó y se dirigió al baño. Ella despertó unos instantes después. Fue al baño, se lavaron los dientes y él se metió a bañar. Ella lo persiguió hasta la ducha, hicieron el amor dulcemente en la bañera y prosiguieron felices la mañana.
El desayuno se desarrollo normalmente, galletas de cartón y un té para ella, leche con chocolate y galletitas dulces para él.
Luego de desayunar, cada cual a su trabajo. Él a la oficina, y ella a la facultad. Se despiden con un beso tierno en la puerta del departamento y mientras caminan van pensando en la vida.
Que bueno que ya este en casa. No podría estar más tiempo sin él. Quiero pasar el resto de los días con ese hombre, darle hijos y una vejez hermosa, juntos los dos.
Mientras tanto él repasaba el plan:
No es tan complicado, la paso a buscar a la salida de la facultad.. vamos al café de la plaza. Le digo: "Estoy decidido a pasar mi vida con vos. Por favor: Casate conmigo" (para algo lo practique mil veces en el baño).
El anillo, cuando vea el anillo no me va a poder decir que no, por más que esté con otro, le gusten las mujeres o se quiera hacer monja de repente.
No había manera de que algo saliese mal. Pasaron todo ese día esperando las cinco de la tarde. Ella no prestó atención en ninguna clase. Él otorgó créditos a todo changarín desesperado que se cruzó por su oficina.
Ella llevó su bolso de cosméticos y a las cuatro y media se amotinó en el baño de damas, quería producirse para él, pues, había decidido pasarlo a buscar por la oficina e invitarlo a compartir su vida por tiempo indefinido.
Él quiso salir antes y esperarla en la esquina. Pasó por el almacén de flores y compró un hermoso ramo de orquídeas púrpuras.
Después de maquillarse (o intentarlo, no sabía hacerlo) salió del baño orgullosa del rosado pálido en sus párpados, y se dirigió feliz hacia la puerta principal. Salió y lo vio muy lindo, paradito en la esquina de la calle de enfrente, con un ramo gigante de flores.
La esperó en la esquina, paciente. Y cuando por fin salió, le pareció más hermosa de lo que estaba acostumbrado, sonrió ampliamente y la invitó con la mirada.
Ella salió corriendo. Pero cruzar la calle en diagonal es algo que nos enseñan desde pequeños. Y es quizás, una de las cosas más útiles que nos enseñan.
Posiblemente por la euforia, por la emoción, por la espera, por el amor, por las ganas... por que el destino así lo quiso, no se acordó de mirar al cruzar.
Entonces todo se desequilibró... No más historias. Ni anillos. Solo el amor, hasta que él pueda superarlo.
Ella salió corriendo. Pero cruzar la calle en diagonal es algo que nos enseñan desde pequeños. Y es quizás, una de las cosas más útiles que nos enseñan.
Posiblemente por la euforia, por la emoción, por la espera, por el amor, por las ganas... por que el destino así lo quiso, no se acordó de mirar al cruzar.
Entonces todo se desequilibró... No más historias. Ni anillos. Solo el amor, hasta que él pueda superarlo.