domingo, 22 de agosto de 2010

Figuras retóricas

Se encontraban hechos un ovillo de carne sobre el suelo de la cocina, enredaban sus rodillas con sus brezos y temblaban como una hoja.
Uno miraba fijo hacia la mesa, la mesa estaba a unos dos pasos de él, sí, estaba en la mesa. En la mesa, esa mesa tan próxima a él, tan cerca. Si salta de la mesa lo va a atrapar. Que se quede en al mesa... Si me muevo más me va a ver. Que se quede ahí. Mejor que se quede en la mesa. Si. No... es la mesa en la que como. Es MI mesa, qué está haciendo ahí? Piensa que no lo veo? Yo lo veo. Está en la mesa. Sus ojos parecían querer salirseles de las cuencas, parecían querer salir y que rodar por la mesa.
A su lado, él estaba conteniendo espasmos. Su cerebro enviaba señales a sus músculos, los sentía; podía reconocer cada impulso eléctrico, pero se quedaban ahí, como un cable pelado despilfarrando electrones por acá y por allá. Se encontraba paralizadamente inquieto.
¿Dónde quiere irse? A cualquier lugar, menos al patio. ¿Qué hace él en el patio? Hay Sol, es amarillo, me tiñe todo. Ese color empalagoso... No, no puedo ir afuera. El sol lo quema, la piel se quema con el sol. Habría que cerrar esa ventana, o la cortina. Las gotas del gigante salpican el farol y se reflaja en la masada de granito. El reflejo es amarillo, como el Sol. Por qué? Por qué tiene que hay Sol? No me va a tocar. Voy a encontrar el lugar justo, en donde el no llega. No me va a tocar, no me va a manchar la ropa, es la más linda que tengo, es la única que no me puedo sacar. Y es mía, no es de él... Que el Sol se quede ahí, por qué quiere mandarme? Por qué quiere mi piel?
Uno no quita los rayos X de la mesa; el otro, mira hcaia todos lados, no deja las neuronas quietas.
La talba cuadrupeda que sostiene el alimento de tantos desaparecidos, esa tarde, comienza a caminar hasta meterse debajo de sus párpados. Perpadea y no: La mesa sigue ahí. Quieta, pero... eso sigue ahí. Sobre ella. Y lo va ver. Me va a ver, si me quedo acá me va a ver, me tengo que ir. Si, ahí no me va a atrapar, es muy grade ese espacio para verme solo a mi.
Mientras tanto, la pobre estatua atrapada en sus congelados movimientos, planea el plan de escape. El inmovil muchachito amaga... Si salto rápido no me va a tocar, está tan cerca...casi que me toca, me apuro y me salvo.
No me va a perseguir hasta ahí, reflexiona.
En un fugaz momento de lucidez mental, sus cabezas cambian cruzada y radicalmente de dirección. Toda la quietud, la frenética estática que enfrascaba su cuerpo, se convierte en energía a la velocidad de la luz.
Las conecciones mal terminadas entre sus músculos y su cerebro se reparan. Logra embarcar cada electrón en una misma empresa: Se agazapa un poco, y con un impulso casi irreal se eleva en el aire para aterrizar sobre...
El primero, destroza la puerta y termina estampado contra la enredadera, empapado en luz, envuelto en tranquilidad. El segundo hace volar cada silla con su salto, y aterriza sobre la mesa, desbordando éxitos.

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